Wednesday, August 11, 2010

IRMA CUÑA


PRODIGA

Volví a la luz extensa del verano
y al viento circular de las esquinas.

Neuquén es un cristal,
un cuarzo sepia.

Pueblo desconocido
donde inventé el espejo de una historia
y la poblé de cascos en el aire.
(en aquel aire ululador y tenso).
Un aire tangible
que mas parece un agua, una corriente,
un surtidor horizontal
-un brazo-
que el natural camino de la cara.
Y otra vez ese polvo amarillento
y esas piedras hundidas
entre pelos de pastos requemados.

Patria de negación: sin
verdes,
rojos,
alas,
concavidades.
Sólo este movimiento del planeta
espiral o de flecha,
bamboleo.
Fui a buscarte quetzales,
mariposas,
enormes colas de serpientes vivas,
venados tímidos,
turquesas,
y me has devuelto el filo del silencio
y el ardor de la arena
para siempre.

CASI UNA NIÑA...
Casi una niña,
el collar de claros corales a la espalda,
huyes vestida de gasa, de lila, de rosa.
Llevas los ojos en los pies que no alcanzo,
los ojos en las manos escondidas,
los ojos en la cara sin huésped.
Dejas una espuma
ahilada
de trigo,
una confusión de lino
en tanto aire,
la copa de amapolas desvaídas,
el mundo de polen en vuelo.

Reclinada en la ausencia del agua,
segura entre rocas invisibles,
la almohada de silex te espera como una concha áspera.

La niña flor va por el aire
entre los dedos lisos de las ramas,
sin tocar el hilván de la luz,
separada,
mujer de muro mielado,
olvidada del sol,
mariposa confusa,
caléndula,
uva moscatel que el otoño mueve.

De espaldas,
sola,
por innumerables senderos
las hojas caen sin ruido
y ella desciende una colina
hoja a hoja
hoja a hoja
y un paso
y luego el otro
entre los troncos.
Hacia abajo pesa su estatura y su sombra;
en cada pie soporta el cuerpo.
el cielo atrás
la empuja
hacia un valle invisible.
ella
solamente
desciende,
paso a paso, como un collar de gotas.
por los senderos,
grávida,
su lluvia redonda estremece la tierra
y atrás de su talón se va secando la humedad,
cualquiera huella.


Corre un momento,
atrapa un mimbre alto,
pero siempre
desciende
paso a paso
hacia el posible valle,
contra el cielo.

ISLA NADIE

Mi corazón sostiene cinco muertes
Y un resplandor de fuga.
¿Cómo amar el resquicio por donde fluyen mariposas ebrias?
Consuélame de tanta muchedumbre,
De este jirón de rostro pudriéndose en la orilla.
Mitad de río,
lumbre,
viento largo.
Precipicio de amigos
y olvido de cavernas.

Nadie. Deshabitada convoco algunas sombras
y un ritual apagado para manos oscuras.

El sueño es una roca derrumbada.

Irma Cuña,poeta,docente Universitaria,doctora en Letras.Nació en Neuquén en el año 32. Investigadora del Conicet sobre el Discurso Utópico Latinoamericano.En el 75 debió exiliarse junto a su marido tras ser amenazados por la triple A. Trabajó en investigación en la Sorbona de París y la UNAM de México. Desde 1999 integró la Academia Argentina de Letras. Entre su obra poética mas representativa se encuentran los libros: Neuquina (1956), Menos Plelilunio (1964), Maneras de Morir (1974), El Extraño (1977), El Riesgo del Olvido (1993), y una recopilación de toda su obra editada por Editorial Ultimo Reino.Reconocida tardíamente, pero con una gran aceptación entre los escritores mas jóvenes de toda la Patagonia,falleció en su ciudad un 16 de Mayo del 2004.

Saturday, August 07, 2010

SHARON OLDS


(dos poemas traducidos por Mirta Rosenberg,y otros dos por Ezequiel Zaidenwerg))

SATÁN DICE
Estoy encerrada en una cajita de cedro
que tiene un cuadro de pastores pegado
sobre el panel central,tallado a los lados.
La caja se sostiene sobre unas patas curvas.
Tiene un cerrojo de oro en forma de corazón
sin ninguna llave.Escribo para tratar de salir de la caja cerrada,
que huele a cedro. Satán
viene a mi en la caja cerrada
y dice: yo la sacaré de ahí. Diga
Mi padre es una mierda. Digo
que mi padre es una mierda y Satán
se ríe y dice: Se está abriendo.
Diga que su madre es una alcahueta.
Mi madre es una alcahueta. Algo
se abre y se rompe cuando lo digo.
Mi espalda se endereza en la caja de cedro
como la espalda rosa de la bailarina del prendedor
con un ojo de rubí que descansa junto a mi,
sobre el satén en la caja de cedro.
Diga mierda, diga muerte, diga al carajo el padre,
me dice Satán al oído.
El dolor del pasado encerrado zumba
en la caja infantil sobre su cómoda, bajo
el ojo redondo del estanque
con rosas grabadas alrededor, donde
el odio hacia ella misma se miraba en el dolor.
Mierda. Muerte. Al carajo el padre.
Algo se abre. Satán dice:
¿No te sientes mucho mejor?
La luz parece quebrarse sobre el delicado
prendedor de edelweiss, tallado madera de dos tonos.
También lo quiero,
sabe, le digo al oscuro a Satán
en la caja cerrada. Los amo pero
trato de decir lo que nos ocurrió
en el pasado perdido. seguro, dice
y sonríe, seguro. Ahora diga: tortura.
Veo, en la oscuridad impregnada de cedro,
que se abre el borde de una gran bisagra.
Diga: la verga del padre, la concha
de la madre, dice Satán, y la saco de ahí.
El ángulo de la bisagra se ensancha
hasta que veo el contorno de la época
antes de que yo fuera, cuando ellos se
abrazaban en la cama. Cuando digo
las palabras mágicas, verga,concha,
Satán dice suavemente, Salga.
Pero el aire que rodea la abertura
es pesado y denso como humo ardiente.
Entre, dice, y siento su voz
que respira por la abertura.
La salida es a través de la boca de Satán.
Entre en mi boca, dice, ya está,
allí,y la enorme bisagra
empieza a cerrarse. Oh,No, también
los quería,afirmo el cuerpo,lo tenso
dentro de la casa de cedro.
Satán sale aspirado por el ojo de la cerradura.
me deja encerrada en la caja, sella
el cerrojo en forma de corazón con el lacre de su lengua.
Ahora es su ataúd, dice Satán.
Apenas lo escucho;
me caliento las
manos frías en el ojo de rubí
de la bailarina-
El fuego, el súbito descubrimiento de lo que es el amor.


RETROCEDO A MAYO DE 1937
los veo de pie en la formal entrada de sus universidades,
veo a mi padre salir despreocupadamente
por el arco de arenisca ocre , las tejas
rojas que brillan como curvos
platos de sangre detrás de su cabeza, veo
a mi madre que carga unos pocos libros livianos
de pie junto a la columna hecha de ladrillos diminutos con
las puertas de hierro forjado aún abiertas a su espalda, sus
remates de lanza negros en el aire de mayo,
están a punto de graduarse, están a punto de casarse,
son niños, son tontos, lo único que saben es que son
inocentes, jamás le harían daño a nadie,
deseo acercarme a ellos y decirles Deténganse,
no lo hagan...ella es la mujer equivocada,
él es el hombre equivocado, van a hacer cosas
que no pueden imaginar que alguna vez harían,
van a hacerles cosas malas a sus hijos,
van a sufrir de una manera de la que jamás oyeron hablar,
van a desear morirse. Yo deseo
acercarme a ellos allí en la última luz de mayo y decirles,
el rostro ávido bonito y vacio de ella vuelto hacia mí,
su lastimoso bello cuerpo intocado,
el rostro apuesto arrogante y ciego de él vuelto hacia mí,
su lastimoso cuerpo bello intocado,
pero no lo hago. Quiero vivir. Los
levanto como a muñecos de papel
hombre y mujer y los froto entre sí con fuerza
a la altura de las caderas como astillas de pedernal
como para sacar de ellas una chispa, digo
Hagan lo que están por hacer, y yo se los contaré todo.

FIN
Nos decidimos a abortar, y juntos
nos volvimos asesinos. No cambió nada con
el próximo período: estaba muerta, esa pareja joven
que alguna vez había abrazado la vida.
Mientras lo discutíamos en la cama, el choque
no nos sorprendió. Fuimos a la ventana,
y miramos los autos hechos un acordeón,
las esquirlas de vidrio reluciente,
como si los culpables fuéramos nosotros.
La policía retiró los cuerpos,
ensangrentados como bebés recien nacidos,
por el huequito humeante de la puerta,
los colocó en el césped, y los cubrió con sábanas
que se empaparon en el acto. Sangre
empezó a caer de entre mis piernas
y manchó mis pantuflas. No me moví de ahí,
viendo cómo arrojaban a la figura atada con correas
por la abertura negra de la ambulancia, y cómo
paraban a la otra, la cabeza cubierta con vendajes,
dos manchas en reemplazo de los ojos.
La mañana siguiente me tuve que agachar
una hora en el piso, para limpiar mi sangre,
frotando un trapo húmedo por las manchas brillosas
y traslúcidas, como quien deja la sartén
largo rato en remojo
después de que la fiesta terminó.

LA ESPECIALISTA EN BABOSAS
Cuando era especialista en babosas, apartaba
las hojas de la hiedra, en busca de esos cuerpos
traslúcidos, brillosos, de gelatina verde,
que subían reptando lentamente
a mi merced, por la pared de piedra.
Al estar hechas casi todas de agua,
morían al instante si les echaban sal,
pero eso no era lo que a mí me interesaba. Lo que a mí me gustaba
era correr las hojas de la hiedra, quedarme respirando
el olor de la pared, y esperar en silencio hasta que el bicho
se olvidara de mí, y sacara las antenas;
ver cómo esos cuernitos relucientes se alargaban
como si fueran telescopios, hasta que finalmente
los extremos sensitivos salían a la luz,
íntimos e infalibles. Unos años más tarde,
cuando vi por primera vez a un hombre desnudo,
me sorprendió observar cómo se repetía
el callado misterio, ver a esa criatura
parsimoniosa y elegante salir de su escondite
y brillar en el aire polvoriento,
deseosa y tan confiada
que una podría llorar.

Wednesday, July 28, 2010

JUAN OCTAVIO PRENZ


BALADA DE LA VACA MADRINA

Mi padre trabajaba en el frigorifico Armour de Berisso.
Allí, lo dije ya, dejó su juventud y sus huesos.

Nunca hablé de su frustrado crimen.

En las sobremesas nocturnas me contaba de la vaca madrina.
Siempre al frente, oronda y feliz, conducía a las demás a
la muerte.
Una vez que el largo cortejo arribaba al final del brete,la
vaca madrina hacía un giro a la derecha y regresaba.
Sana y salva por otro brete.
Las victimas seccionadas con esmero, terminaban
despues de un largo proceso en forma de salame o
sobre una parrilla o...

¿Has visto alguna vez los ojos de una vaca?,me preguntó
un dia mi padre.
En tantos años de trabajo era imposible no terminar
enamorado de las vacas.

Cuando llegó el momento del sacrificio, mi padre, por
justicia o por piedad (¿quien lo sabe?)pidió ser el
verdugo.
Y le dieron la cuchilla de mejor acero.

Cuenta que le miró los ojos y que nunca supo si le
hubiera dado o no la cuchillada definitiva, porque así
como así, la vaca madrina bajó los parpados y

se derrumbó para siempre a sus pies.

DESTIERRO
Una rosa de los vientos
que gira como una ruleta
sin detenerse jamás

Sur


VIGILIA

Es fácil con el largo vino perder la cabeza y la memoria,
recuperar con el largo vino la cabeza y la memoria
inexistentes.
Es fácil la ausencia, el arrebato, el olvido.

Y qué no decir de los cuerpos que inventa el vino o la
oscuridad, Naturalmente, menos cuerpo y menos
invento que la piel que te espera.

Hay que hacer el amor con los ojos bien abiertos.


CUADERNO DE BITÁGORA

Quiero explicarte el mundo para calmar tus lágrimas.

En alguna hora del día tu vuelas y el ave se arrastra
y como peces nadan los hombres.

En otra hora tú nadas como un pezmientras las aves
caminan y los hombres vuelan.

En otra hora del dá los hombres se arrastran, revolotean
los peces y tú caminas.

¿Te lo repito?

Juan Octavio Prenz nació en La Plata en 1932. Vivió en Belgrado entre 1962 y 1967. Vive en Italia desde 1975. Ha desarrollado una importante labor como traductor al español de la poesía yugoslava. Publicó numerosos trabajos críticos sobre literatura hispanoamericana y la literatura comparada. Entre otros publicó los libros: Cuentas claras, Apuntes de historia, Habladurías del Nuevo Mundo, Cortar por lo sano, etc.

Friday, July 23, 2010

JULIO "MOCHI" LEITE


Bar Unicornio(Creencias populares)

Diciembre.
Las putas
sobre la ventana
del burdel,
con lucecitas de colores
dibujan un árbol de navidad.
Ellas saben
que Papá Noél
no existe
Será por eso
que cuando se abre la puerta
y entra algún
obeso hombre
oliendo a cerveza
y las abraza
y ríe gravemente
le piden un trago
y lloran
mirando más allá de la ventana,
más allá del árbol dibujado.

AL DESAMPARO
Todos los arquitectos
por estos lados
se preocupan
por la caída
que hay que darle
a los techos.

Media agua
a dos aguas.
Yo, mientras tanto
media ginebra,
dos ginebras...
Miro el cielo raso
de tu ausencia
y eso no me salva
de tu lluvia.

Nocturno ebrio
Regreso a mi casa
y en la esquina de Bilbao y Don Bosco
pongo una flor en mi solapa
de apio magallánico
-calzo el olvido en mi solapa-
He recorrido
todos los bares de mi barrio,
todos
esta noche.
Por ejemplo
a las dos de la mañana
en los “Tres Barrilitos”
me atendió Gabriela,
al yo no tener dinero
ni gracia
ni conversación
ni ganas,
se fue como tantas
guardando sus masajes
y manzanas
para otros parroquianos.
Retornó a lo más profundo
de ese paraíso de humo
meneándose al tonto ritmo
de una cumbia villera.
Hoy,
fuera de mis efluvios alcohólicos
rememoro
con la boca áspera de tu recuerdo
que ella, Gabriela
por lo menos me contó
de su nacencia en Santa Fe
y yo aún no sabía
donde iba a morir
en esa noche
lejos de la patria de tus ojos.
Luego me habló
de Paso de los Libres
y de pieles vendidas
y vergüenzas,
mejillas rojas de distancias
de parientes e hijos
y caricias mentiras.
Corrientes extrañas
-me explicó-
la arrumaron
a la siempre noche
de este pueblo.
Tengo masajes –me dijo-
No tengo plata –respondí-
¿te queda memoria?
-Silencio patagónico-
Mientras ella
me acariciaba la entrepierna
me acordé de mis hijos
y con suavidad de lana
retiré su mano,
pagué la copa que bebía
y me fui…
De regreso a mi casa,
frente al bar de Tebes,
puse una flor
de apio magallánico
en mi solapa,
doblé por Don Bosco
y entre el “Sol de Mayo”
y el “Blanco y Negro”
al fondo,
me acosté sobre el lecho
de tu ausencia.

Thursday, July 22, 2010

FRANCISCO MADARIAGA



Rehén de la colina

Oh candoroso embriagado entre loros,
entre isletas subiendo hasta el nivel de la colina,
canta en tu boca el canto ardiente de otra boca,
y cuando la sangre sube hasta tus ojos es
porque están quebradas todas las fulguraciones
del sollozo en tu pecho.
Canta, viejo rehén de la colina.
Arde, candoroso de alcohol negro, que con palmas
salvajes tienen hijos que retornan al viento,
al gemido del clima en el olor áspero y cruel
de las arañas del estero,
en aquel paisaje de cristal desprendido del fuego.

Asombra al mundo en un paisaje de enero,
oh demente,
oh luz de la humedad.
Ah colgado sediento de unos ojos,
duerme, duerme bajo la luz del padre al otro
extremo del poder y la delicadeza.
En tus ojos la berlina del viaje amarillo arde
helada.
Beso tras beso el pasajero toca la raya de ácido
caliente del retorno.
Sé piadoso con el otro limite de tu fragilidad,
padre aletargado por el sol,
presión de la locura de una tierra suspendida en
la tela del agua y del fuego.


El riesgo de la verdad

Caes en mí como una brusca levedad del clima,
del agua,
de una oblicua y desterrada colina,
castigo delicado de un paisaje solamente hollado
por su propia demencia.
Mi desnudez asume así tu cálido cristal
y se destina más al fondo del celo
con piel sonriente candente de tu herida.
Adorada mía tapizada de rayos,
con tu colina bajando todas las aguas de la locura.
Niña mía, con la boca cargada del esplendor del
plátano, alguien, alguien tiene que depender
del canto.

Rasgada de topacio

A Olga Orozco, 1991

Le dije que se pusiera su sombrero
y dejara deslizar una arboleda de sol
... por la orilla del mar.
Había tanta sonrisa en su boca sonora
y a veces frecuentaban sus labios los
... bares del coral.
Su memoria barría los barrotes de todas
... las prisiones.
Era la hija del sombrerero de dios que pasaba
... en un celeste y rojo carruaje,
ardiendo de amor al regreso de los reales
... horizontes,
y en el olor a su carrera de ayudante
... salida del polvo de las hadas,
su tránsito real ardía ahogado por la
... sangre de pleamar.
Ayudante rasgada de topacio en el
... corazón de la inmortalidad.

Viaje estival con Lucio

-Aquí ya empiezan a haber caballos-
... me decía.
Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde
... entre los colores del agua de la infancia.
Estábamos ya muy lejos de los bronces, los
... mármoles y los floreros pintados "al gusto de
... la familia" en los cementerios municipales.

Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo
... tren casi fluvial nos envolvía.
Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en
... las manos las ramas de las estrellas y
... el resplandor lentísimo de los ríos rosados,
... donde sangraba el sol de los caballos, las
... vaquerías y las antiguas guerras.

Era el primer viaje solos en el tren marrón que
... no quiera morir.

Monday, July 19, 2010

CLAUDIA MASIN


Resistencia

Nací en una ciudad rodeada por defensas de tierra.
Montañas de utilería para que cuando llueva,
el río, en su crecida, no invada nuestras casas
y arrase la ciudad. Pero se ha tenido la precaución
de construir murallas precarias, abiertas. Para mantener
al enemigo vivo. Los que hemos nacido en Resistencia
Tenemos para qué levantarnos cada mañana:
Quien tiene a qué temer ya no está solo.

Aquí, el uniforme de guerra incluye botas de lluvia
amarillas. Nos sentimos impermeables
cuando caminamos por las calles, cómplices
como sobrevivientes de un desastre secreto.
Una vez, la lluvia nos sitió por tres días y tres noches.
Los chicos soñábamos con la amistad del agua,
salir descalzos a la invasión, cada gota
un disparo fresco en el pecho. Pero permanecíamos
tras las trincheras, cristales dibujados al vapor
como nuestros nombres. Casa de agua.
¿Un barco ebrio? No, mi casa era un blanco quieto.
Guardado en una botella, como una cabaña de los Alpes,
una miniatura olvidada en un estante.

Soñé entonces con construir un arca, pero no llevaría
Animales sino palabras. Las elegiría al azar, por capricho.
Por la música que despedía de sí al ser dichas.
¿No es más importante preservar la belleza que la especie?
Zarparía en silencio hasta que la tierra
Se perdiera de mis ojos por la distancia y el diluvio.
¿Noé sabría de su audacia al huir? Soldado que huye
sirve para huir de la próxima batalla.

¿Y sí escribir no fuera temblar en la tormenta sino
-a lo sumo- presumir bajo el alero?
¿Y si la crecida de las aguas no existiera?
Un mito. La fundación del algo. De una ciudad: Resistencia.
Construida para ofrecerse en un ataque imaginario,
a una corriente asesina que no existe. Acuario seco
en que los peces sofocados resistimos
hasta que las agallas sangran. Nunca fue cierto
que en las guerras se venciera por un arte sutil
de Resistencia.

París,Texas
(Basado en el film de Wim Wenders)

Me gustaría contarte lo que veo, hablarte
de los hoteles abandonados apareciendo de la nada
en el medio de la carretera como castillos solitarios
cuyos puentes levadizos hubieran sido
dinamitados hace tiempo. Me gustaría
contarte lo que veo pero es imposible
hallar un dolor que condescienda
a ser narrado. ¿Vale la pena entonces,
emprender tan largo viaje para ir de un extremo
a otro del silencio? También es imposible
callar por completo: sé que terminaré por llamarte,
como se llama a alguien cuando se está a oscuras,
sin el auxilio de la voz, un estremecimiento
semejante al de esas luciérnagas
que al chocar contra un parabrisas en la ruta,
se deshacen esparciendo una nube pequeña
de polvo y luz, y ésa -quizás- es su idea
de un encuentro.


Sin techo ni ley

¿Dejan rastro los pasos en la nieve, te es posible seguirme
a partir de ese rastro? La soledad se impregna
en cada cuerpo que toco, como la piel toma el sabor
de la sal al contacto con el agua del mar. No sabría
con qué palabras contarte la calma que alcanza una mirada
que no desea nada en lo mirado, o apenas
algo de calor, un fuego encendido con los pocos leños
reunidos a lo largo del camino. ¿Cómo hablarte
de cada noche que paso sin ansiar que amanezca,
sin ansiar esa larga sucesión de mañanas desprendiéndose
de ésa
que ya no espero? ¿Cómo soporto la noche, entonces?
—preguntarías— ¿con qué excusa o qué fuerza?
Te diría: un esquimal soporta la presencia
material del silencio porque cierra los ojos e imagina
la música de las olas al rozar la arena en una playa desierta
retirándose y volviendo para sonar, una y otra vez,
como una orquesta.


El regreso

¿Qué trae el padre de su largo recorrido por los campos
amplios y planos como pasillos de hospitales donde él,
médico viejo y cansado, pasea su mirada pacífica, experta,
sobre todas las cosas del mundo como si fueran suyas,
las hubiera tenido en la mano tanto tiempo
que conociera sus exactas concavidades y accidentes?
No hay nada nuevo para él, ¿pero y nosotros?
¿Preguntándonos el cómo y el porqué, desasidos como estrellas fugaces
de la generosa custodia del cielo, nosotros cómo hacemos
para mirar las cosas sin angustia, sin que nos sobre o nos falte
siempre algo: una medida quizás, cuya ausencia hace imposible
caminar sin tropezarse a cada paso?
¿Qué mirada capturó de la muerte en sus ojos, qué amor
hizo descender sobre él para después dejarlo ir,
pájaro rapaz que de un momento a otro se volvió compasivo
y desechó los restos que le eran ofrecidos,
con la magnanimidad de quien ya fue llenado, está completo?
¿Pero y nosotros, a quienes esos restos cubrirían los huesos?
No podemos pedir, ya está perdido
lo que quedaba, lo que había de más.
¿Madre, por qué no dejarme salir a los caminos, entonces?
Si no hay nada que él traiga en los brazos, ¿por qué no dejarme
ir yo misma a buscar, si ese regalo que él esconde
cuidadosamente bajo la cama es una caja vacía?
¿Qué va a ser de nosotros ahora,
si es, y siempre fue mentira que de los baúles sacaba
objetos maravillosos, que podía enseñarte a pescar peces
de aletas brillantes como una moneda al sol? ¿Si es mentira también
que con sólo raspar un carboncito contra su pecho creaba el fuego
que iluminaba la superficie curva de la tierra, la geometría perfecta de la casa,
o que a nuestros cuerpos pequeños, con sólo mirarlos,
los volvía exuberantes como si fueran plantas parásitas colmadas
por la savia de otra planta? Dame la libertad, entonces
para soltarme de esta atadura que no ata a nada,
que yo de todos modos ya lo sé: hay un cielo
como hay una tierra, hay un desorden que, extrañamente, nos cuida,
hay quien desata la peste y a veces hay cura, hay mañanas
donde vamos a ser niños una vez, una vez sola,
para poder ir tomados de la mano de él,
de él que es esa tela secándose al sol
los días de buen clima, ropa dejada por un muerto, no me mientas,
no hubo padre ni habrá.

Claudia Masin nació en Resistencia, Chaco, en 1972. Es psicoanalista y escritora.
Vive desde 1990 en Buenos Aires.
Publicó los libros de poesía "Bizarría", "Geología", "la vista", "El secreto (antología 1997-2007)" y "Abrigo". Su libro “la vista” obtuvo el Premio Casa de América de España en 2002 y fue editado por Visor. En el curso de este año se publicará su nuevo libro de poemas “La plenitud”
Textos suyos han sido traducidos al francés y al portugués, y publicados en diversas antologías de Argentina y el exterior. Ha creado y coordinado, junto a artistas de diversas disciplinas, ciclos de poesía como "El pez que habla" y "La musik”. Coordina talleres de escritura desde 1998.

Sunday, July 18, 2010

LEOPOLDO CASTILLA


SUDESTE

II

Tiene temperatura de parto
la noche de Bangkok. La oscuridad
oleosa
corrompe lo que va a sobrevivir,
asfixia la cuchillería
de los peces secos,
entumece el verde
para que al alba tenga su ataúd el agua
y en los mercados
la misma luna
menstrua
en el bulto que duerme en la vereda
y en el ojo del gallo
que peleará mañana.

No pasarán de esta noche
el dios grasiento que las moscas
desahogan,
el árbol enfermo por su propio perfume
donde un hermafrodita ofuscado
se ama,
este cirio que ha debilitado el infinito
ni los fuegos llorones de fritangas.

Todos, empobrecidos, girando lentos
en esta resaca de la selva y el mar.

El día sigue oculto
en la noche
como el sol dentro de una iguana
es esta corona de flores amarillas
que flota
ultrajada
en el río

todavía caliente
todavía sagrada.

V

¿Quién puede decir que estuvo
en lo desencadenado
en estas tierras de mutación
donde los cadáveres brotan de sus flores?
Como el inmortal baniano
ese árbol pariéndose
a sí mismo,
deudo y difunto simultáneo
así el muerto
come y bebe
en la fiesta de sus funerales.

Aquí la unidad es el laberinto
y no hay un solo nacimiento
en tanta resurrección.
Número contra número
he visto, no más caer,
mi semen
devorado por las hormigas,
en el fondo del mar
a los corales
detenerse en el rayo
y en un río de la jungla
al agua suicidarse
vomitando fuego.

Todo extinguiéndose para salvarse
de esta plenitud, de esta alegría
que con delicadeza
ovula el exterminio,
mientras los árboles olfatean
la fiebre de la transmutación,
su largo día,
y suenan altísimos de modo
que no toque tierra la noche.

Esas fosforescencias somos nosotros
viviendo en la distancia que hay
entre el pez yendo a ser hombre
entre el hombre
yendo
a ser pájaro

todos con su verdadero cuerpo ausente
como la arteria suelta
de la libélula roja
o el Phra Ruang
el pez transparente de Sukhotai
ánima en el agua
donde pestañea su esqueleto.

Nadie puede decir que estuvo
sino suspenso
en el lenguaje de la selva
igual que un ciego
en una jaula de mariposas.

Ni siquiera este muerto podrá partir
aunque le ofrenden gotas de agua
para que vuelva
por las claridades
aunque suene el gamelán
para que escuche
la forma de la tierra
o le prendan fuego al toro
negro y dorado
que lo contiene.
Cada llamarada trazará un tigre
quemándolo,
una víbora que salta
como un nervio entre dos luces
por la hoja del banano
y se iguana en un río
se martiriza en una garza
hasta que la jungla
la disuelva en sonido.

La selva se encierra con huidas.
De la forma del muerto
sólo queda este humo que entra en los pulmones
como un cielo que se descerebra

Y un ausente
que ha florecido el fuego.

VI
A Gonzalo Rojas


De entre todos alabo a Ganesh
el dios de cabeza de elefante.

Tiene la sabiduría
del que conoció con el cuerpo.
Cerró su mutación
(siempre el más increíble
es el más verdadero.)

Los mediodías
se apoyan
en una mariposa
una telaraña puede
sujetar al viento
porque él,
enorme,
danzó sobre un pie.
Desde entonces
lo débil
sostiene el firmamento.

Como él
somos nosotros
esta aleación
de la gravedad y el pánico.

¿Quién puede soportar
sin desfigurarse
el peso de sus sueños?

Alguien se cría en el fondo de uno
- y no es uno –
comiendo tus pedazos.

Sólo quien reconoce su otro animal
resiste lo sagrado.

X

No está ahí
ese hombre solo
en cuclillas bajo la tormenta
mirando el débil campo de arroz
cómo el agua destruye al agua
y a su arrozal
del que sólo le queda
el escalofrío.

No hay hospedaje en él
para que vuelva
el hombre que fue
y el hombre que no ha sido

(de desolación a luz
sólo es posible
la simetría del desequilibrio.)

Este día lleno de nunca. En algún sitio
flota inválido el sol
y el grito de un pájaro
ha raído el atardecer. Nada se conmueve
y sin embargo
hay un viento enorme que no se ha ido.

Un extremo del horizonte se alza

y se derrumba
hacia el pavor
por un plano inclinado.

XI

Las canoas traían el rambután,
en vela
la sandía amarilla, durián y mango,
fueguitos
descorazonados
de sus casas
y recién asesinada
la carne
que no pueden tocar las mujeres
porque ellas tienen
la carne imaginaria.

En el mercado flotante
la muchacha de siete sombreros
vendía la risa
del maíz
del ananá
la lámpara
y al ofrecer el color
en celo de una fruta
traficaba una esclava

para que un hombre
un fruto
devore a otro fruto
una gravedad a otra
y se despierte el mundo
sexuado
por sus desapariciones.

Han vendido el día.

El río se desierta

la corriente se roba una naranja.
En la sombra del agua
pasan víboras,
las últimas
horas sueltas.