Wednesday, September 29, 2010

NICANOR PARRA


Cartas a una desconocida

Cuando pasen los años, cuando pasen
los años y el aire haya cavado un foso
entre tu alma y la mía; cuando pasen los años
y yo sólo sea un hombre que amó,
un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,
un pobre hombre cansado de andar por los jardines,
¿dónde estarás tú? ¡Dónde
estarás, oh hija de mis besos!

Agnus Dei

Horizonte de tierra
astros de tierra
Lágrimas y sollozos reprimidos
Boca que escupe tierra
dientes blandos
Cuerpo que no es más que un saco de tierra
Tierra con tierra -tierra con lombrices.
Alma inmortal-espíritu de tierra.

Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Dime cuántas manzanas hay en el paraíso terrenal.
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Hazme el favor de decirme la hora.

Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Dame tu lana para hacerme un sweater.

Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Déjanos fornicar tranquilamente:
No te inmiscuyas en ese momento sagrado.

Cambios de nombre

A los amantes de las bellas letras
Hago llegar mis mejores deseos
Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.
Mi posición es ésta :
El poeta no cumple su palabra
Si no cambia los nombres de las cosas.
¿ Con qué razón el sol
Ha de seguir llamándose sol ?
¡ Pido que se llame Micifuz
El de las botas de cuarenta leguas !

¿ Mis zapatos parecen ataúdes ?
Sepan que desde hoy en adelante
Los zapatos se llaman ataúdes.
Comuníquese, anótese y publíquese
Que los zapatos han cambiado de nombre :
Desde ahora se llaman ataúdes.
Bueno, la noche es larga
Todo poeta que se estime a sí mismo
Debe tener su propio diccionario
Y antes que se me olvide
Al propio dios hay que cambiarle nombre
Que cada cual lo llame como quiera :
Ese es un problema personal.



La doncella y la muerte

Una doncella rubia se enamora
De un caballero que parece la muerte.

La doncella lo llama por teléfono
Pero él no se da por aludido.

Andan por unos cerros
Llenos de lagartijas de colores.

La doncella sonríe
Pero la calavera no ve nada.

Llegan a una cabaña de madera,
La doncella se tiende en un sofá
La calavera mira de reojo.

La doncella le ofrece una manzana
Pero la calavera la rechaza,
Hace como que lee una revista.

La doncella rolliza
Toma una flor que hay en un florero
Y se la arroja a boca de jarro.

Todavía la muerte no responde.

Viendo que nada le da resultado
La doncella terrible
Quema todas sus naves de una vez:
Se desnuda delante del espejo,
Pero la muerte sigue imperturbable.

Ella sigue moviendo las caderas
Hasta que el caballero la posee.

Último brindis

Lo queramos o no
sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
porque como dice el filósofo
el ayer es ayer
nos pertenece sólo en el recuerdo:
a la rosa que ya se deshojó
no se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
son solamente dos:
el presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
porque es un hecho bien establecido
que el presente no existe
sino en la medida en que se hace pasado
y ya pasó...
como la juventud.

En resumidas cuentas
sólo nos va quedando el mañana:
yo levanto mi copa
por ese día que no llega nunca
pero que es lo único
de lo que realmente disponemos.

Wednesday, September 22, 2010

JULIA MAGISTRATTI


1

No sabe que está muerta,
sin mirada donde ir a parar;
atravesada por
la arruga mayor
con que se ha desvestido su cara.

La muerte es doble:
en una parte huele
y en la otra crece.

La muerta se sofoca
se apabulla
como un ladrón de frutas,
se desagua.

Y el cuerpo que no puede quedarse.

La muerta ahora nace
atraviesa el huevo
que ha madurado en tierra.

Lo primero que ve
son fondos de casas,
objetos vistos desde atrás.

33

Lenta de venir
del patio con las sábanas secas,
la toalla enredada en el cuello
y esa manera de llamarme
sin manos, con la cara,
me obliga
a deberle las llaves de mi casa,
el botón de la camisa, la fruta sin límites.
Porque siempre es de día en los recuerdos
tendré que llamar a mi abuela
para que se haga la noche;
ahora que ella está jugando
con sus plantas blancas
en un universo amarillo.




35 (El huérfano)

Donde hay aroma a eucaliptus están las madres muertas,
pensando.
Perfuman tus cosas calladas y sacuden de sus manteles
migas y alimentos invisibles
sobre tu caliente cabeza.
No puedes decir aquí.
Los lugares son los pensamientos de la madre.
Antes de tu nacimiento, los marcó con sus deseos
buenos y sus deseos malos
por eso, en algunas tardes, es feroz la llovizna.
Sobre un caballo pintado miraste por primera vez
la soledad de las madres.
Tan lejanas.
Te habían dejado girando.
Y ahora, que ya no las ves al pie del eje del mundo,
a veces bajas
te miras la sortija en la mano
y te quedas para siempre sin vejez.




39

Cuando dije “no paso más por esa puerta”,
tendría que haber dicho: allí ha quedado una caída,
no el objeto,
una caída.
Pero siempre es mejor así
no atravesar ciertas puertas
que dan hacia una noche que fue dormida
por los difuntos.
Es mejor así, entregar a un desconocido las llaves
y desaparecer bajo una luz de campos,
bajar escaleras, pasar adentro de ventanillas de trenes;
cuando llega la hora de la hoguera en la mente de los muertos.
Escapar, antes que te busquen ellos
con su ojo despierto,
antes que te vean, te alcancen, te quieran,
con su calor de ausentes sobre los asientos, en los leños de tu chimenea,
en las maderas de tu cama.
Cuando dijiste “ por esa puerta no pasaré jamás”
debías haber dicho: este final de familia, un juego de sillas.

41

El jardín de la casa de mi abuela se está yendo.
Encierra, y no deja salir,
lejanos insectívoros motores.

Miro y soy la que más está.

También la que más está es una enredadera
que se derramó sobre el níspero.

Toda vez que es níspero
debería haber resuelto
humedad, rueda, semilla;
pero crece la piedra vegetal
sacudida y sola
en medio del mundo de la rama
y el mundo que es lejos
cuando el níspero aparece.

De igual modo, la niña que no sabe que tiene corazón
truena, hace viento
se enjuaga de la tierra
ojos colorados,
traga universo que hace perfumes,
tiene dolores blancos,
arenosos, que la hacen más suave,
siempre a punto de dar por terminada la tarde.

Es la que más está.

El tiempo pasa y pasa y se lleva todo.

Tal vez la vida sea esto:
ir olvidando jardines.


María Julia Magistratti nació en 1976 en Azul, provincia de Buenos AirNotaes, República Argentina.
Egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires.
Libros publicados: Alasitas (ediciones Honorarte, Buenos Aires, 2004) y EA (ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, 2007)
Con el libro Alasitas ganó el Primer Premio Concurso Internacional de Poesía Letras de Oro 2003 de la Fundación Honorarte.
Blog: http://veniaca.blogspot.com/

Wednesday, September 01, 2010

EL CEMENTERIO PATAGÓNICO, RAUL GONZALEZ TUÑON


EL CEMENTERIO PATAGÓNICO

A veces el viento patagónico es un cazador barbudo y alto.
Viene como la música, trae los ruidos del desierto y la montaña.
Marcha de puesto en puesto entre balleneros, entre quillangos.
Marcha de pueblo en pueblo entre gin, entre pescadores, entre fulleros.
Marcha de campamento en campamento
Entre canallas enriquecidos con la sangre de los desgraciados.
Marcha de puerto en puerto entre rufianes, entre palomas heladas y garúas,
entre asesinatos, entre monedas chilenas y argentinas.
Oh, trashumante.
Las prostitutas de los climas sureros lo siguen, alucinadas.
Todas las prostitutas -en su mayoría pelirrojas- lo siguen.
Él, el viento cazador, continúa su marcha
Y v a perderse hacia quién sabe qué archipiélago,
Hacia quién sabe qué cinematógrafo,
Hacia quién sabe qué enloquecida alcantarilla.

A veces, nuevo avatar, el viento patagónico es una sirena del aire.
En los hangares de las madrugadas atrae a los aviadores.
Los pequeños mecánicos comprueban con júbilo
La velocidad del viento a ras de tierra
y cuando arriba el altímetro señala una capa favorable de aire
La sirena los lleva en su canto,
la terrible sirena los lleva con sus canto de brumas, y lloviznas y nieve,
y ellos van a estrellarse
sobre enormes malolientes colonias de elefantes y lobos marinos,
sobre plantas de petróleo, sobre columnas de asustados guanacos,
sobre los rojos galpones de las curtidas villas del Sur.

Cazador o sirena el viento manda en la Patagonia.
Cazador o sirena se detiene en el corazón de la Patagonia.
Él, cazador o sirena,
camarada de los auténticos trabajadores de la Patagonia, se detiene
y va a rendir a la ceniza de los obreros asesinados por el Gobierno,
un homenaje de silencio cargado de tormenta. Oh trashumante.

En Santa Cruz, entre el mar y los montes
yo he visto el pequeño cementerio de los huelguistas fusilados.
Unos mal enterrados, en la fosa abierta por ellos,
asoman la punta del zapato con tierra y lagartijas.
Otros, enterrados vivos quizá.
una mano de hueso implorante picoteada por los cuervos.
Y no es extraño ver a lo largo del camino
restos de otros,
curioso contenido de la intemmperie.
Las caravanas de los desposeídos de la tierra, las largas filas de linyeras forzados,
la multitud de todos los países que se dirige al sur de la tierra
en busca del pan y de la muerte,
la multitud de todos los países que se dirige al sur de la tierra
en busca de la nostalgia y el olvido,
se detiene ahí, donde, oasis del viento patagónico, la tierra estéril lanza sus perros amarillos.
Allí, donde la aullante tierra reseca desafía las nubes,
viajeras de tres cielos.
Allí, donde las brújulas de los barcos perdidos, ya fantasmas,
señalan contra las costas, al fin, el rumbo de una próxima venganza.

Y es inútil, tuertos, sin pierna, todos los marineros han partido.
Todos los petroleros ha partido
y las calderas pueden estallar a la salida del gran golfo.
Todas las prostitutas han partido detrás del viento cazador.
Todos los aviadores de línea han despegado
y van detrás de la sirena viento.
Los peones del campo, las hormigas del cuero, el frigorífico y la lana han partido.
Y los recaudadores de Tierras y Colonias han partido.
Y ellos quedaron solos ente el mar y los montes
y ellos quedaron solos sin nombres y sin cruces
y ellos quedaron solos con las blusas agujereadas
y con lo agujeros de la carne sin carne.
Únicamente el viento cazador o sirena, adormece dulcemente su muerte.
Adormece delicadamente su putrefacta muerte, esa útil muerte.
Ese violento arroyo de ceniza
Que subterráneamente ha de desembocar en la revuelta
Y en cuyas aguas, grises y calientes, mi voz templa un acero
conocido.

Wednesday, August 11, 2010

IRMA CUÑA


PRODIGA

Volví a la luz extensa del verano
y al viento circular de las esquinas.

Neuquén es un cristal,
un cuarzo sepia.

Pueblo desconocido
donde inventé el espejo de una historia
y la poblé de cascos en el aire.
(en aquel aire ululador y tenso).
Un aire tangible
que mas parece un agua, una corriente,
un surtidor horizontal
-un brazo-
que el natural camino de la cara.
Y otra vez ese polvo amarillento
y esas piedras hundidas
entre pelos de pastos requemados.

Patria de negación: sin
verdes,
rojos,
alas,
concavidades.
Sólo este movimiento del planeta
espiral o de flecha,
bamboleo.
Fui a buscarte quetzales,
mariposas,
enormes colas de serpientes vivas,
venados tímidos,
turquesas,
y me has devuelto el filo del silencio
y el ardor de la arena
para siempre.

CASI UNA NIÑA...
Casi una niña,
el collar de claros corales a la espalda,
huyes vestida de gasa, de lila, de rosa.
Llevas los ojos en los pies que no alcanzo,
los ojos en las manos escondidas,
los ojos en la cara sin huésped.
Dejas una espuma
ahilada
de trigo,
una confusión de lino
en tanto aire,
la copa de amapolas desvaídas,
el mundo de polen en vuelo.

Reclinada en la ausencia del agua,
segura entre rocas invisibles,
la almohada de silex te espera como una concha áspera.

La niña flor va por el aire
entre los dedos lisos de las ramas,
sin tocar el hilván de la luz,
separada,
mujer de muro mielado,
olvidada del sol,
mariposa confusa,
caléndula,
uva moscatel que el otoño mueve.

De espaldas,
sola,
por innumerables senderos
las hojas caen sin ruido
y ella desciende una colina
hoja a hoja
hoja a hoja
y un paso
y luego el otro
entre los troncos.
Hacia abajo pesa su estatura y su sombra;
en cada pie soporta el cuerpo.
el cielo atrás
la empuja
hacia un valle invisible.
ella
solamente
desciende,
paso a paso, como un collar de gotas.
por los senderos,
grávida,
su lluvia redonda estremece la tierra
y atrás de su talón se va secando la humedad,
cualquiera huella.


Corre un momento,
atrapa un mimbre alto,
pero siempre
desciende
paso a paso
hacia el posible valle,
contra el cielo.

ISLA NADIE

Mi corazón sostiene cinco muertes
Y un resplandor de fuga.
¿Cómo amar el resquicio por donde fluyen mariposas ebrias?
Consuélame de tanta muchedumbre,
De este jirón de rostro pudriéndose en la orilla.
Mitad de río,
lumbre,
viento largo.
Precipicio de amigos
y olvido de cavernas.

Nadie. Deshabitada convoco algunas sombras
y un ritual apagado para manos oscuras.

El sueño es una roca derrumbada.

Irma Cuña,poeta,docente Universitaria,doctora en Letras.Nació en Neuquén en el año 32. Investigadora del Conicet sobre el Discurso Utópico Latinoamericano.En el 75 debió exiliarse junto a su marido tras ser amenazados por la triple A. Trabajó en investigación en la Sorbona de París y la UNAM de México. Desde 1999 integró la Academia Argentina de Letras. Entre su obra poética mas representativa se encuentran los libros: Neuquina (1956), Menos Plelilunio (1964), Maneras de Morir (1974), El Extraño (1977), El Riesgo del Olvido (1993), y una recopilación de toda su obra editada por Editorial Ultimo Reino.Reconocida tardíamente, pero con una gran aceptación entre los escritores mas jóvenes de toda la Patagonia,falleció en su ciudad un 16 de Mayo del 2004.

Saturday, August 07, 2010

SHARON OLDS


(dos poemas traducidos por Mirta Rosenberg,y otros dos por Ezequiel Zaidenwerg))

SATÁN DICE
Estoy encerrada en una cajita de cedro
que tiene un cuadro de pastores pegado
sobre el panel central,tallado a los lados.
La caja se sostiene sobre unas patas curvas.
Tiene un cerrojo de oro en forma de corazón
sin ninguna llave.Escribo para tratar de salir de la caja cerrada,
que huele a cedro. Satán
viene a mi en la caja cerrada
y dice: yo la sacaré de ahí. Diga
Mi padre es una mierda. Digo
que mi padre es una mierda y Satán
se ríe y dice: Se está abriendo.
Diga que su madre es una alcahueta.
Mi madre es una alcahueta. Algo
se abre y se rompe cuando lo digo.
Mi espalda se endereza en la caja de cedro
como la espalda rosa de la bailarina del prendedor
con un ojo de rubí que descansa junto a mi,
sobre el satén en la caja de cedro.
Diga mierda, diga muerte, diga al carajo el padre,
me dice Satán al oído.
El dolor del pasado encerrado zumba
en la caja infantil sobre su cómoda, bajo
el ojo redondo del estanque
con rosas grabadas alrededor, donde
el odio hacia ella misma se miraba en el dolor.
Mierda. Muerte. Al carajo el padre.
Algo se abre. Satán dice:
¿No te sientes mucho mejor?
La luz parece quebrarse sobre el delicado
prendedor de edelweiss, tallado madera de dos tonos.
También lo quiero,
sabe, le digo al oscuro a Satán
en la caja cerrada. Los amo pero
trato de decir lo que nos ocurrió
en el pasado perdido. seguro, dice
y sonríe, seguro. Ahora diga: tortura.
Veo, en la oscuridad impregnada de cedro,
que se abre el borde de una gran bisagra.
Diga: la verga del padre, la concha
de la madre, dice Satán, y la saco de ahí.
El ángulo de la bisagra se ensancha
hasta que veo el contorno de la época
antes de que yo fuera, cuando ellos se
abrazaban en la cama. Cuando digo
las palabras mágicas, verga,concha,
Satán dice suavemente, Salga.
Pero el aire que rodea la abertura
es pesado y denso como humo ardiente.
Entre, dice, y siento su voz
que respira por la abertura.
La salida es a través de la boca de Satán.
Entre en mi boca, dice, ya está,
allí,y la enorme bisagra
empieza a cerrarse. Oh,No, también
los quería,afirmo el cuerpo,lo tenso
dentro de la casa de cedro.
Satán sale aspirado por el ojo de la cerradura.
me deja encerrada en la caja, sella
el cerrojo en forma de corazón con el lacre de su lengua.
Ahora es su ataúd, dice Satán.
Apenas lo escucho;
me caliento las
manos frías en el ojo de rubí
de la bailarina-
El fuego, el súbito descubrimiento de lo que es el amor.


RETROCEDO A MAYO DE 1937
los veo de pie en la formal entrada de sus universidades,
veo a mi padre salir despreocupadamente
por el arco de arenisca ocre , las tejas
rojas que brillan como curvos
platos de sangre detrás de su cabeza, veo
a mi madre que carga unos pocos libros livianos
de pie junto a la columna hecha de ladrillos diminutos con
las puertas de hierro forjado aún abiertas a su espalda, sus
remates de lanza negros en el aire de mayo,
están a punto de graduarse, están a punto de casarse,
son niños, son tontos, lo único que saben es que son
inocentes, jamás le harían daño a nadie,
deseo acercarme a ellos y decirles Deténganse,
no lo hagan...ella es la mujer equivocada,
él es el hombre equivocado, van a hacer cosas
que no pueden imaginar que alguna vez harían,
van a hacerles cosas malas a sus hijos,
van a sufrir de una manera de la que jamás oyeron hablar,
van a desear morirse. Yo deseo
acercarme a ellos allí en la última luz de mayo y decirles,
el rostro ávido bonito y vacio de ella vuelto hacia mí,
su lastimoso bello cuerpo intocado,
el rostro apuesto arrogante y ciego de él vuelto hacia mí,
su lastimoso cuerpo bello intocado,
pero no lo hago. Quiero vivir. Los
levanto como a muñecos de papel
hombre y mujer y los froto entre sí con fuerza
a la altura de las caderas como astillas de pedernal
como para sacar de ellas una chispa, digo
Hagan lo que están por hacer, y yo se los contaré todo.

FIN
Nos decidimos a abortar, y juntos
nos volvimos asesinos. No cambió nada con
el próximo período: estaba muerta, esa pareja joven
que alguna vez había abrazado la vida.
Mientras lo discutíamos en la cama, el choque
no nos sorprendió. Fuimos a la ventana,
y miramos los autos hechos un acordeón,
las esquirlas de vidrio reluciente,
como si los culpables fuéramos nosotros.
La policía retiró los cuerpos,
ensangrentados como bebés recien nacidos,
por el huequito humeante de la puerta,
los colocó en el césped, y los cubrió con sábanas
que se empaparon en el acto. Sangre
empezó a caer de entre mis piernas
y manchó mis pantuflas. No me moví de ahí,
viendo cómo arrojaban a la figura atada con correas
por la abertura negra de la ambulancia, y cómo
paraban a la otra, la cabeza cubierta con vendajes,
dos manchas en reemplazo de los ojos.
La mañana siguiente me tuve que agachar
una hora en el piso, para limpiar mi sangre,
frotando un trapo húmedo por las manchas brillosas
y traslúcidas, como quien deja la sartén
largo rato en remojo
después de que la fiesta terminó.

LA ESPECIALISTA EN BABOSAS
Cuando era especialista en babosas, apartaba
las hojas de la hiedra, en busca de esos cuerpos
traslúcidos, brillosos, de gelatina verde,
que subían reptando lentamente
a mi merced, por la pared de piedra.
Al estar hechas casi todas de agua,
morían al instante si les echaban sal,
pero eso no era lo que a mí me interesaba. Lo que a mí me gustaba
era correr las hojas de la hiedra, quedarme respirando
el olor de la pared, y esperar en silencio hasta que el bicho
se olvidara de mí, y sacara las antenas;
ver cómo esos cuernitos relucientes se alargaban
como si fueran telescopios, hasta que finalmente
los extremos sensitivos salían a la luz,
íntimos e infalibles. Unos años más tarde,
cuando vi por primera vez a un hombre desnudo,
me sorprendió observar cómo se repetía
el callado misterio, ver a esa criatura
parsimoniosa y elegante salir de su escondite
y brillar en el aire polvoriento,
deseosa y tan confiada
que una podría llorar.

Wednesday, July 28, 2010

JUAN OCTAVIO PRENZ


BALADA DE LA VACA MADRINA

Mi padre trabajaba en el frigorifico Armour de Berisso.
Allí, lo dije ya, dejó su juventud y sus huesos.

Nunca hablé de su frustrado crimen.

En las sobremesas nocturnas me contaba de la vaca madrina.
Siempre al frente, oronda y feliz, conducía a las demás a
la muerte.
Una vez que el largo cortejo arribaba al final del brete,la
vaca madrina hacía un giro a la derecha y regresaba.
Sana y salva por otro brete.
Las victimas seccionadas con esmero, terminaban
despues de un largo proceso en forma de salame o
sobre una parrilla o...

¿Has visto alguna vez los ojos de una vaca?,me preguntó
un dia mi padre.
En tantos años de trabajo era imposible no terminar
enamorado de las vacas.

Cuando llegó el momento del sacrificio, mi padre, por
justicia o por piedad (¿quien lo sabe?)pidió ser el
verdugo.
Y le dieron la cuchilla de mejor acero.

Cuenta que le miró los ojos y que nunca supo si le
hubiera dado o no la cuchillada definitiva, porque así
como así, la vaca madrina bajó los parpados y

se derrumbó para siempre a sus pies.

DESTIERRO
Una rosa de los vientos
que gira como una ruleta
sin detenerse jamás

Sur


VIGILIA

Es fácil con el largo vino perder la cabeza y la memoria,
recuperar con el largo vino la cabeza y la memoria
inexistentes.
Es fácil la ausencia, el arrebato, el olvido.

Y qué no decir de los cuerpos que inventa el vino o la
oscuridad, Naturalmente, menos cuerpo y menos
invento que la piel que te espera.

Hay que hacer el amor con los ojos bien abiertos.


CUADERNO DE BITÁGORA

Quiero explicarte el mundo para calmar tus lágrimas.

En alguna hora del día tu vuelas y el ave se arrastra
y como peces nadan los hombres.

En otra hora tú nadas como un pezmientras las aves
caminan y los hombres vuelan.

En otra hora del dá los hombres se arrastran, revolotean
los peces y tú caminas.

¿Te lo repito?

Juan Octavio Prenz nació en La Plata en 1932. Vivió en Belgrado entre 1962 y 1967. Vive en Italia desde 1975. Ha desarrollado una importante labor como traductor al español de la poesía yugoslava. Publicó numerosos trabajos críticos sobre literatura hispanoamericana y la literatura comparada. Entre otros publicó los libros: Cuentas claras, Apuntes de historia, Habladurías del Nuevo Mundo, Cortar por lo sano, etc.

Friday, July 23, 2010

JULIO "MOCHI" LEITE


Bar Unicornio(Creencias populares)

Diciembre.
Las putas
sobre la ventana
del burdel,
con lucecitas de colores
dibujan un árbol de navidad.
Ellas saben
que Papá Noél
no existe
Será por eso
que cuando se abre la puerta
y entra algún
obeso hombre
oliendo a cerveza
y las abraza
y ríe gravemente
le piden un trago
y lloran
mirando más allá de la ventana,
más allá del árbol dibujado.

AL DESAMPARO
Todos los arquitectos
por estos lados
se preocupan
por la caída
que hay que darle
a los techos.

Media agua
a dos aguas.
Yo, mientras tanto
media ginebra,
dos ginebras...
Miro el cielo raso
de tu ausencia
y eso no me salva
de tu lluvia.

Nocturno ebrio
Regreso a mi casa
y en la esquina de Bilbao y Don Bosco
pongo una flor en mi solapa
de apio magallánico
-calzo el olvido en mi solapa-
He recorrido
todos los bares de mi barrio,
todos
esta noche.
Por ejemplo
a las dos de la mañana
en los “Tres Barrilitos”
me atendió Gabriela,
al yo no tener dinero
ni gracia
ni conversación
ni ganas,
se fue como tantas
guardando sus masajes
y manzanas
para otros parroquianos.
Retornó a lo más profundo
de ese paraíso de humo
meneándose al tonto ritmo
de una cumbia villera.
Hoy,
fuera de mis efluvios alcohólicos
rememoro
con la boca áspera de tu recuerdo
que ella, Gabriela
por lo menos me contó
de su nacencia en Santa Fe
y yo aún no sabía
donde iba a morir
en esa noche
lejos de la patria de tus ojos.
Luego me habló
de Paso de los Libres
y de pieles vendidas
y vergüenzas,
mejillas rojas de distancias
de parientes e hijos
y caricias mentiras.
Corrientes extrañas
-me explicó-
la arrumaron
a la siempre noche
de este pueblo.
Tengo masajes –me dijo-
No tengo plata –respondí-
¿te queda memoria?
-Silencio patagónico-
Mientras ella
me acariciaba la entrepierna
me acordé de mis hijos
y con suavidad de lana
retiré su mano,
pagué la copa que bebía
y me fui…
De regreso a mi casa,
frente al bar de Tebes,
puse una flor
de apio magallánico
en mi solapa,
doblé por Don Bosco
y entre el “Sol de Mayo”
y el “Blanco y Negro”
al fondo,
me acosté sobre el lecho
de tu ausencia.